El piso mínimo del radicalismo

Vergonzoso episodio fue el que se vivió en el congreso, en la votación de la ley de despenalización del aborto en 3 causales, cuando cinco parlamentarios se “parearon” y otros cuantos de la Democracia Cristiana rechazaron en la votación. No es sorpresa para nadie que la Democracia Cristiana se encuentre en jaque cuando se tocan temas de “carácter valórico”, esto debido a su ideología y sus raíces conservadoras. Sin embargo, llama la atención el pareo de dos diputados radicales, Fernando Meza y José Pérez, quienes en un acto de ‘honor y caballerosidad’ (o cobardía) no se pronunciaron en la votación, poniendo en peligro uno de los bastiones del gobierno de Michelle Bachelet. Este no es un hecho menor, no sólo como Nueva Mayoría, sino también como partido, tal como dijo Ernesto Velasco -y así lo expresa los principios del radicalismo- “un proyecto de esta naturaleza nos representa fielmente como partido laico y centenario de luchas por la libertad de conciencia en nuestro país”.

No es casualidad que dentro de nuestra historia de colectividad hayan habido múltiples fracciones y escisiones, tanto de Izquierda como de Derecha y en distintos momentos de la  historia, como en el gobierno de Gabriel Gonzalez Videla o en tiempos de la Unidad popular. Así las cosas, y luego de este bochorno político, me he visto en una posición de reflexión sobre los puntos ideológicos y programáticos que como radicales hemos de tener, más allá de las posiciones individuales, las diversas de creencias  y pluralidad de corrientes que cada uno desarrolla dentro de su librepensamiento.

En primer lugar, la visión consensuada de un Estado social y democrático de Derecho que garantice derechos sociales de educación, salud, trabajo, de sindicalización y que administre servicios públicos de agua y electricidad. El derecho a la educación gratuita, pública y laica amparada por un Estado Docente, sin perjuicio de que pueda existir educación privada, pero sin subsidio del patrimonio público. Para el radicalismo no existe la idea de un Estado Subsidiario, ni como lo plantea la Doctrina Social de La Iglesia ni Jaime Guzmán, sino la idea de que el Estado puede jugar un rol importante en el que hacer social y dentro de una economía mixta.  En segundo lugar, la idea de una asamblea constituyente que reemplace la actual constitución fraudulenta en su origen e impuesta a la fuerza. Esto para nosotros no es nuevo, sino que es un objetivo a cumplir desde que existía la constitución de 1833. Tercer punto, los jóvenes radicales estamos por una sociedad libre  de ataduras dogmáticas y morales provenientes de una religión u otra fuente, y más aún, cuando se manifiestan en el espacio público de manera impositiva, es por ello que reafirmamos la idea de un Estado Laico y del aborto libre a un plazo anterior al tercer mes. Finalmente, para construir un Chile mejor hay que asumir la responsabilidad de haber mantenido y agudizado el actual modelo “neoliberal” impuesto en la tiranía militar.

Si los dirigentes del partido y los ‘representantes’ del radicalismo en el congreso titubean ante estos tres puntos, creo que es momento de reformularse el compartir el “mismo ideal” de Pedro León Gallo, Letelier y mas recientemente Anselmo Sule.

Pablo León Riveros – Militante de la JR Regional Valparaíso

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